jueves 12 de junio de 2008

El Carretero

Armando fantasías, Reverón anduvo siempre

Armando fantasías, Reverón por siempre

Venezuela tiene héroes que han escrito la historia. Tiene a los guerreros de la libertad, a los que luchan por descubrir conciencias, y tiene también a los que intentan mantener vivos los sueños. Pero nadie como Reverón

Resumen de aventuras

Al nacer, Reverón fue dado por su madre a la familia Rodríguez-Zucca, originaria de Valencia, y quienes se encargaron de cuidarle y educarle durante sus primeros años de vida. En ese tiempo, estableció una estrecha relación con Josefina, hija de la pareja, a quien apreció como a una verdadera hermana.

Las paredes de su primera casa fueron sus primeros lienzos, donde intentaba retratar a la sirvienta de la familia, Juanita Carrizales.

Los Rodríguez –Zucca siempre contaban a doña Dolores (la madre biológica de Reverón) sobre el temperamento "triste, irascible y melancólico" de su hijo.

Entre los 12 y 13 años, sufrió de Tifus, lo que para muchos le afectaría psíquicamente por el resto de su vida.

Cuando ya era un adolescente, Reverón se mudó a la casona, donde nació Francisco de Miranda, convertida en pensión. Durante este período el pintor viajaba de visita a Valencia para reunirse con Josefina, su hermana espiritual, con quien compartía sus obsesiones y sus inquietudes. (En Dama Tejiendo, la pinta en el jardín de la casa a la sombra de un níspero).

Armando disfrutaba de las ventas de frutas y legumbres y se apasionaba por la plaza del mercado. De allí nacieron sus naturalezas muertas.

Para Reverón, nunca despertaron interés los trabajos de Cézanne, Picasso, Chagal o Modigliani.

El pintor ruso Nicolás Ferdinandov, le brindó a Reverón los consejos que determinarían su futuro: conseguirse algo de dinero, comprar una vivienda que le permitiera aislarse y compartir su vida con una mujer humilde.

Juanita fue su compañera de vida, modelo y cómplice de cada aventura.

Nicolás Ferdinandov aseguraba que Reverón “era el dios de los pintores”.

Luego de varias mudanzas dirigidas por su deseo de aislarse, el artista compró un terreno al costado del río El Cojo en el litoral, donde se instaló e inició la construcción de la vivienda que lo alojaría durante los siguientes 33 años, hasta su muerte. Los lugareños bautizaron la casa de Reverón como El Castillete.

Su precaria situación económica no le permitía usar el tren para viajar de La Guaira a Caracas, por eso caminaba el trayecto cada vez que necesitaba ir hasta la capital, lo que le produjo llagas en las plantas de sus pies, y en uno de ellos brotaban gusanos.

Llegó a trabajar con materiales de desecho que recuperaba en el Puerto de La Guaira. Utilizó soportes de coleto que incorporaron a su obra tonos marrones, definiendo el período Sepia de su trayectoria.

El propio pintor creaba sus muñecas para que ocuparan el lugar de modelos que no podía pagar. Para él, sus muñecas “no sólo representaban personas, sino que debían ser tratadas como tales y no como obras de arte”. La cineasta Margot Benacerraf, recuerda cómo luego de filmar el cortometraje Reverón (1952), el pintor le hizo vestir una sotana y concederles el perdón a sus muñecas por haberse mostrado en público.

Al morir su madre, Reverón se sumergió en un profundo dolor y sufrió un desequilibrio mental.

Su excentricidad y su propuesta alejada de cualquier convencionalismo hicieron de él una figura “pintoresca”; la curiosidad de fotógrafos y cineastas fue continua y muchos visitaron el Castillete para documentarlo.

Al final de sus años se refugió en El Castillete, retraído, solitario ante los ojos de la gente, siempre acompañado por sus muñecas y de incondicionales oyentes: la luz y el aire, que lo acompañaron en sus recorridos por la playa hasta el día de su muerte, el 17 de septiembre de 1954.

En el mes de julio de 2001, Glenn Lowry, director del Museo de Arte Moderno de Nueva York, MoMA, anunció la realización de la retrospectiva Armando Reverón. La muestra abrió sus puertas en otoño de 2003 y contó aproximadamente con 100 obras pictóricas y objetos del apreciado artista criollo.

Ésta fue primera exhibición de gran magnitud que se llevó a cabo en los Estados Unidos. Igualmente, la pionera de un artista venezolano en el MoMA, así como la tercera consagrada a un artista latinoamericano, después del muralista mexicano Diego Rivera y del brasileño Cándido Portinari en 1932 y 1940, respectivamente.

Lowry afirmó que la exposición viajaría, luego de su permanencia en Nueva York, hacia la Tate Gallery en Londres y el Museo Nacional de Arte Moderno de Francia, para concluir su circuito en la Galería de Arte Nacional de Venezuela.

Sus amigos dicen

"Reverón es, sin la menor duda, el más grande de los pintores venezolanos y buena parte de la crítica que se ha ocupado de su obra se propuso explicar por qué ha de considerársele así. Pero además de su obra, su trayecto vital ha despertado una enorme curiosidad. La personalidad del pintor ha fascinado a los psiquiatras a partir de los informes del Doctor Báez Finol, quien lo trató en el sanatorio cuantas veces sufrió un desarreglo severo."
Rafael Arráiz Lucca
Escritor y poeta venezolano


"La obra de Reverón, en gran parte, expresa profundo erotismo visual, sensorial, con fijación carnal en la mujer. Esa atracción por las formas femeninas y los acercamientos vagamente lésbicos se advierten ya en los primeros cuadros que iniciaban su etapa de liberación"
Juan Liscano
Escritor venezolano


"Reverón fue un intuitivo, un hipersensible que sintió la luz y los colores y pintando a veces en el paroxismo de la demencia, lograba las más sorprendentes e inesperadas expresiones. Las líneas, los arabescos surgían en ritmo delirante y casi sin contenerse, se iba al Playón y de pie sobre las rocas salpicadas de olas, sujetaba la cintura por pesadas piedras para no perder el equilibrio. En esos momentos perdía todo sentido de juicio"
Alfredo Boulton
Empresario venezolano


"Un artista venezolano, Armando Reverón, captó la luz enceguecedora y la volvió pintura. Reverón fue ante todo, un pintor latinoamericano que nos legó en su obra aquella atmósfera del litoral, que sólo otro artista genial, Gabriel García Márquez, tan Caribe como él, ha logrado expresar en su literatura."
Elvira Cuervo de Jaramillo
Directora del Museo Nacional de Colombia


"¡Y qué precursor ha sido Armando Reverón! En una época de arte latinoamericano, que pretendía asociar la obra al modelo, que desconfiaba del abstraccionismo, que todavía requería estrictas definiciones estéticas, el dueño de El Castillete y señor de Juanita subvertía y reinventaba la evolución pictórica. Él fue uno de los más grandes expresionistas de todos los tiempos"
Marianne de Tolentino
Asuntos Internacionales del Museo de Arte Moderno de Santo Domingo

Nadja

La importancia de aparecer en una foto

La importancia de aparecer en una foto

No se trata de poses, ni de ser la estrella del momento, ni de resaltar. Se trata de construir pruebas que con los años cuenten historias, y de saber que en ellas se estuvo presente

Hace algún tiempo pensaba que lo maravilloso de las fotos estaba en plasmar paisajes, situaciones, objetos; y crear con la imagen captada, piezas artísticas que hablaran por sí solas.

Durante las fiestas familiares, en las reuniones con los amigos, o en algún evento de importancia; no le daba demasiado interés al tema de las fotografías, me preocupaba más por disfrutar el instante, que por dejarlo documentado.

Hasta hoy, hasta hoy que estoy viviendo una época nueva, y que he cambiado tanto. Hoy, y en estos días, he comprendido profundamente la importancia que supone aparecer en una foto.

Nunca antes me había sentido tan alejada de todos, tan inmersa en mundos paralelos, tan distante, tan extraña hasta para mí misma; hasta que tuve en mis manos una foto reciente, y por más que escudriñé en cada rinconcito del papel, no me vi por ninguna parte. Sabía que había estado allí, en esa fecha, a esa hora, con ese grupo de personas; pero no entendía por qué no aprecía junto a ellos que reían y se abrazaban unos con otros como celebrando algo, algo que yo, extrañamente, tampoco recordaba.

Entonces me senté a pensar, y tratando de incluir en mi cabeza los recuerdos de ese momento, que andaban dispersos entre la gente, en ese espacio; recordé que en efecto, mi cuerpo estaba allí, pero mi mente permanecía clavada en el trabajo y en las obligaciones, con clavos de acero. Mientras todos disfrutaban el momento y lo guardaban para la posteridad, yo me perdía de todo, de todos, de lo bueno de vivir, de sentirme feliz.

Así que desde ahora procuraré aparecer en cada foto. No importa si aparezco en el centro, no importa si estoy vestida para la ocasión, o si no poso con mi mejor sonrisa. Lo único que me importa es, una vez que hayan pasado diez, o quince, o cincuenta años, ver la foto del almuerzo con los muchachos de la universidad, o las fotos del cumpleaños de la abuela, o las de la graduación, y sentirme feliz al ver que aparezco en ellas.

Nadja